BAJAR EL RITMO ES POSIBLE
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BAJAR EL RITMO ES POSIBLE

Con tanta prisa y tanta lista interminable de cosas por hacer, bajar el ritmo y desacelerar te parece una de esas cosas tan improbables como te toque el euromillón o el sueldo Nescafé. Entras en modo piloto automático y vas de un sitio a otro que ni Lewis Hamilton y, aunque morirías por parar en boxes, ya no sabes muy bien cómo hacerlo. Es hora de echar ya un poco el freno.

Yo tuve una época en la que vivía así. Madrugar, trabajo, tupper en la oficina para no perder mucho tiempo (¿?), más trabajo, salir tarde, hacer la compra, preparar la comida del día siguiente y pensar en todo lo que iba a descansar el fin de semana para llegar al viernes siguiente con vida. Si además tienes hijos, pues eso, no puedo ni imaginarlo.

Por suerte, no fue una época muy larga. Fui haciendo pequeños cambios que mejoraron un poco mi día a día y, al final, y para esto sí que pasó más tiempo, todos esos pequeños cambios me trajeron hasta donde estoy ahora mismo, cumpliendo mi sueño de viajar una temporada sin billete de vuelta.

Los viajes

Lo digo siempre, los viajes son mágicos y siempre hablo de ellos porque a mí me han enseñado mucho. Por suerte, todo eso que me han enseñado se puede utilizar tambiñen sin estar viajando.

Los viajes tienen la capacidad de:

  • trasladarte a otras épocas
  • enseñarte geografía e historia
  • presentarte a personas nuevas
  • cocinarte platos que nuca antes habías probado
  • mostrarte paisajes que nunca podrías haber pensado que existían
  • hacerte reír y llorar al mismo tiempo
  • darte paz
  • erizar todo el vello de tu cuerpo
  • poner a prueba tu adrenalina
  • hacerte perder la memoria o traerte recuerdos lejanos
  • darte la capacidad de afrontar cosas nuevas y superar dificultades

Creo que podría hacer una lista infinita de las cosas que nos regalan los viajes, pero lo que hoy quería contarte no era esto, aunque parezca lo contrario. De hecho, lo que quería explicarte es que es posible conseguir lo que ves en la lista, viajando en tu ciudad o en tu barrio, aunque te parezca improbable. Y que probar a permitirte sentir algo así es lo que te va a ayudar a bajar el ritmo y desacelerar esa vida de hamster en su rueda.

Cómo bajar el ritmo en tus viajes y en tu vida

Este era mi verdadero propósito cuando he empezado a escribir estas líneas. Quería ayudarte a encontrar maneras de parar, encontrar momentos en los que te tomes el tiempo de pensar cómo son tus días y cómo te gustaría realmente que fueran.Tiempo para reír y llorar, para sentir la adrenalina y, sobre todo, para permitirte. Así que allá van algunas de las cosas que hago cuando llego a un destino nuevo o cuando quiero rebajar mis pulsaciones para estar en un modo más tranquilo que me permita reflexionar.

bajar el ritmo
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La libreta

Probablemente esto sea lo más importante de todo. No salir de casa sin una libreta porque nunca sabes si la vas a necesitar pero si no la llevas es imposible que la uses, ¿sí?

Yo la uso para escribir todo lo que me llama la atención cuando estoy de viaje, anoto cómo es la gente que veo, los olores de las ciudades, los colores de cada lugar y, sobre todo, anoto todas las emociones que me provoca lo que hay a mi alrededor. Y pensarás, «bueno, tú estás viajando y es diferente». No, no es diferente, podría hacer lo mismo en Madrid o en Vitoria. Al fin y al cabo, ahora mismo estoy escribiendo esto desde Chiang Mai donde llevo tres meses viviendo y saliendo a la calle con mi libreta cuando voy al super así que esta ciudad se ha convertido en algo familiar para mí y, aún así, mi libreta siempre va conmigo. ¡No vales excusas!

Y lo que he aprendido con ella es que cuando luego la relees recuerdas mil cosas que habrían quedado en el olvido si no las hubiera apuntado. Me hace sentir bien y, aveces, mal. Pero esta es su función. Me enseña cosas sobre mí misma y esta es la clave para poder hacer cambios en nuestras vidas.

Por eso, aunque no tengas un blog en el que luego escribir, esto es lo más útil para ponerte en modo reflexión. Reconocerás qué te dispara una u otra emoción, verás cuáles son más o menos agradables, podrás saber cómo generar esas que te gustan más y cuáles deberías modificar y luego podrás llevarte todo eso de vuelta a tu casa para releerlo.

Puede que no seas muy del papel y boli. Si es así, puedes probar a hacerlo con tu móvil: escribir en notas o grabar audios o incluso vídeos de eso que quieras capturar para siempre. Yo prefiero el papel pero, a veces, combino varias y escribo pero también hago una foto o grabo un vídeo. El cómo hacerlo o qué soporte usar es cosa tuya pero guarda de alguna manera tus emociones para aprender de ellas.

Las tareas o los pequeños placeres para bajar el ritmo

Una vez que tengas tu libreta puedes buscar momentos en los que hacer alguna de estas tareas que, para mí, más que tareas son pequeños placeres. Esas pequeñas cosas que marcan la diferencia.

  • pasea sin rumbo y sin mirar el reloj.
  • deja el móvil atrás o en modo avión para que no te dé un ataque de ansiedad supino. Escribe también cómo te has sentido al pasar una mañana entera sin móvil, por ejemplo. Seguro que hay muchas emociones enfrentadas ahí.
  • pasea por un mercado, ¿qué comprarías?
  • busca un restaurante donde probar platos nuevos, pregunta a alguien en una tienda o en la calle por su lugar favorito para comer donde estés y pruébalo.
  • saca un libro y siéntate a leer en algún sitio bonito.
  • elige un banco y observa la gente pasar. Inventa historias.
  • date un capricho: ese helado que te estaba llamando desde que llegaste o un masaje relajante. Un bolso nuevo para ti o un regalo para alguien. Lo que más te apetezca en el momento. ¿Puede que una libreta nueva? 🙂
  • aprende algo.
  • inventa un juego y, ¡juega!

Apunta en tu libreta y guarda tus pensamientos y tus emociones. Ya llegará el momento de releerla.

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