¿TIENES MIEDO A PERDER O A GANAR?
¿Con cuál te quedas?

¿TIENES MIEDO A PERDER O A GANAR?

Tenemos miedo de “perdernos cosas”, en los viajes y en la vida. Miedo a perder. Hay quien viaja con la angustia de no visitar los 1500 sitios que hay en París o Roma, por si no vuelve; o con la ansiedad de tener que probar esas 75 experiencias que tienes que vivir, si visitas tal o cual lugar.

De la misma manera, también hay quien tiene miedo de que le despidan si no llega a hacer tropecientas tareas más que ayer o que el compañero de al lado, o quizás sufres pensando que tu familia y amigos te puedan llegar a recriminar que no pasas suficiente tiempo con ellos, etc, etc, etc… Y así terminamos metidos en espirales de días imposibles en los que intentamos contentar a todo el mundo. Bueno, a casi todo el mundo, porque lo más probable es que tú no estés del todo bien. Y, lo que es peor, puede que ni siquiera te estés dando cuenta.

¿Qué puedes hacer?

No tengas miedo a ganar. Esto es algo que tienes que descubrir tú, pero te cuento mi experiencia por si te puede ayudar a pararte y pensar.

Yo siempre quise viajar: recorrer el mundo por libre. Quería conocer muchos de los sitios que había visto en reportajes fotográficos, en documentales, visitar lugares que eran escenarios de cientos de libros leídos, conocer a gente de otros lugares del planeta y entender su manera de pensar y de vivir. Y quería hacerlo a jornada completa, sin tener que volver o, más bien, volviendo cuando tuviera suficiente, cuando supiera que era el momento de volver.

Y, joder (perdón por el taco), pero eso daba miedo. Me podría haber gustado leer los posos del té o algo así, ¿no? Algo más tranquilito y relajado que me exigiera menos esfuerzo, menos sacrificio, que pudiera hacer bien abrigada en mi casa, que me llenara sin necesidad de poner del revés mi vida. Pero no, lo mío iba a ser un poquito más radical.

¿Por qué viajar sin billete de vuelta?

Muchas veces me lo he preguntado. ¿Por qué no podía haber vivido tan a gusto con lo que tenía? ¿Por qué no podía haber encontrado algo menos complicado? En serio, ¿viajar sin billete de vuelta y en solitario?

Supongo que porque siempre estuvo ahí. He hecho mil cosas. Sí, me gusta probar y aprender cosas nuevas, aunque probablemente también intentaba ver si la idea esa de viajar podía sustituirse de alguna manera.

He aprendido fotografía, a bailar swing y un poco de flamenco, a cocinar sushi y recetas de postres,  he trabajado por cuenta propia y por cuenta ajena, abrí esta cuenta de Instagram en 2012 y le llamé un viaje imperfecto porque creo que ya entonces algo me decía que tenía que viajar y, ya ves, han pasado siete años desde entonces. Y todo eso que he hecho en estos siete años me ha gustado, me ha divertido, pero no me ha quitado de la cabeza la idea de viajar sin fecha de vuelta.

Así que simplemente era algo que necesitaba hacer y cuando necesitas algo en serio, llega un momento en el que, aunque te parezca que todo termina, resulta que todo empieza. Y dejé un trabajo, un negocio, una casa y empecé un viaje que no sabía a donde me llevaría pero que era justo lo que quería. Y los miedos se van y todo el mundo te dice que eres muy valiente, pero, en realidad, no lo eres tanto.

Es sólo que ha llegado ese momento en el que te da más miedo pensar que no vas a saber qué pasaría si lo haces, que hacerlo. Clic para tuitear

Y esto que siempre te ha gustado, que siempre ha estado ahí, que siempre te ha llamado, te ayuda a descubrir otras cosas de ti. Y seguro que hay algo que tú también tienes ahí guardado, algo que llevas mucho tiempo queriendo hacer y, en serio, puede ser apuntarte a clases de pintura o de flamenco o salir todos los sábados a correr por la montaña o aprender una receta nueva cada semana, organizar fiestas para tus amigos o crear tablas de Excel imposibles.

No hace falta irse a dar la vuelta al mundo, sólo hay que parar y ver qué puedes hacer solo para ti.

Mi reto: ayudarte a rebajar tu ritmo de vida

El problema es que muchas veces no te das la oportunidad de pensar en las cosas que realmente son tuyas, que han estado ahí siempre y que no haces porque no tienes tiempo o porque ni siquiera recuerdas qué era eso que siempre has disfrutado.

Así que mi intención es que puedas relajar un poco ese ritmo de vida, que saques algo de tiempo para ti. Me encantaría ayudarte a reflexionar un poco sobre esta vida loca que a veces te lleva a lugares que no son tuyos, a hacer cosas que siempre juraste que no harías y a llevar una vida, en definitiva, que te lleva a ti en lugar de tú a ella.

Y lo que digo es que es más fácil parar si sales unos días fuera de tu rutina. Por eso creo que hacer un viaje (pero de los lentos, ¿eh?, nada de tres países en tres días) es una manera estupenda de reflexionar, de coger nuevos hábitos y de proponerte llevarlos a tu día a día cuando vuelvas.

Mi realidad

Yo paré y decidí viajar y en estos últimos 8 meses he visitado Francia, Grecia, Tailandia, Camboya, Filipinas, Japón, Taiwan y, de nuevo, Tailandia. He flipado, literalmente cada día, con los sitios, los sabores, las sensaciones, la gente que he conocido e incluso con lo que me ha quedado por conocer.  Y no… aún no he tenido suficiente, así que seguiré viajando un poco más y seguiré contándotelo.

También he aprendido un montón de cosas, por ejemplo:

  • no estoy hecha para los trabajos de oficina de 9 a 5, en realidad creo que siempre lo supe pero aquí lo he confirmado.
  • prefiero intentar algo diferente, aunque sea muy loco que no intentarlo. Puede que salga bien o que sea un desastre pero será mi desastre o mi triunfo.
  • puede que tenga a volver a un trabajo de 9 a 5 pero no me importará hacerlo si he agotado todas las posibilidades antes o si ha de ser un medio para seguir probando otras cosas.
  • no estaba lejos de mi realidad cuando tenía 17 años y pensaba en estudiar periodismo o turismo. No lo hice entonces pero ahora estoy viajando y escribiendo y, puede que no me lleve a ningún sitio o sí, quien sabe, pero no se va a quedar en una incógnita.
  • en realidad me gusta madrugar aunque haya pasado años diciendo que lo odiaba, jajjaja…bueno, esto último puede que sea más bien una consecuencia de la edad. Pero me da pie al último aprendizaje de hoy: no importa si tienes 18 o 48, cualquier momento es bueno para empezar a hacer eso que no conseguirías sacar de tu cabeza aunque te hicieran una lobotomía.

Conclusión

¿Has visto la foto arriba? Son siete millones de tipos de crepes en un puesto dulce de Tokio. Puede que, de partida, te den ganas de comerte todos. O puede que te sientas fatal por poder elegir sólo uno. Puede incluso que te entren sudores fríos porque no sabes muy bien cuál elegir. No importa.

Lo que importa es parar un momento y elegir uno y comértelo y disfrutarlo. Y si era el mejor, genial. Si no lo era, prueba otro. El problema es cuando vas por allí corriendo y por no pensarlo prefieres pasar de largo e irte sin hacer la prueba,

De verdad, esos crepes están de muerte. ¡Prueba uno!

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Miren… que suerte tenemos de que nos dediques tu tiempo y todas estas reflexiones que nos regalas porque para mí son un regalo que me hacen pensar y que me mueven por dentro…. Si es que las posibilidades son infinitas ¿a que si? Sigue escribiéndonos que yo te seguiré leyendo. Muac!!

    1. ¡Claro que sí! Son infinitas y podemos amoldarlas a lo que somos y necesitamos. Qué bien saber que te sirven mis reflexiones y mis historias 🙂
      Gracias a ti por aportar siempre.

  2. Gracias por el email y por provocar que aterricemos en tu blog… Primera vez que entro, primera lectura… enamorada y enganchada!!!!
    Enhorabuena!!!!

    1. Gracias a ti por leerme!! Esto es un chute de energía estupendo para seguir escribiendo 🙂

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