EL VERANO NO ES LA SOLUCIÓN
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EL VERANO NO ES LA SOLUCIÓN

Llega el verano y, con él, la solución a todos tus problemas. Pues no…esta no es la respuesta con premio 😉

Si quieres enterarte de cuál es, ¡sigue leyendo!

¡Por fin vacaciones!

Esto es lo que estarás diciendo probablemente ahora mismo o hayas dicho hace unos días y, si aún te queda un poco para que lleguen, no desesperes. Aun trabajando, el ritmo veraniego es distinto al del resto del año, eso es cierto.

Precisamente sobre esto quería profundizar un poco en el artículo de hoy. ¿Qué nos ocurre en verano y en vacaciones? ¿Por qué un porcentaje altísimo de nuestra sensación de disfrute lo asociamos a este momento?

La realidad es que nos pasamos media vida deseando que lleguen el verano y las vacaciones. ¿Te has parado alguna vez a pensarlo?

¿Por qué el verano es eso que más deseamos?

Pensarás que lo que te ocurre es bastante obvio, no tienes que ir a trabajar y puedes hacer casi lo que te dé la real gana sin mucha más preocupación que pensar si hoy pasarás el día en la playa o te animarás a hacer algún tour por ese destino en el que has decidido desconectar o si este año te has quedado en tu ciudad, puede que estés buscando esas fiestas y planes veraniegos que surgen en todos los barrios, pueblos y ciudades en estas fechas.

Hasta aquí, totalmente de acuerdo, esto es lo obvio. Pero y, ¿si observas un poco más allá? ¿qué ocurre?

Se ponen en marcha todos los mecanismos de los que te hablé en este artículo de una forma casi automática.

Festival de los sentidos

De pronto eres capaz de percibir más olores, reconoces algunos nuevos, sientes otros con más intensidad de la habitual y lo mismo te pasa con los sabores. El tacto vive momentos felices cada vez que coges un puñado de arena o que pasas la mano por la hierba crecida de esa montaña a la que acabas de subir. Eres capaz de ver cosas que antes no te sorprendían y que ahora te atrapan y escuchas sonidos que despiertan en ti un montón de emociones que creías perdidas y que sólo habían estado escondidas durante unos meses.

La magia de observar

En verano ocurre.

Observar es examinar atentamente algo y, como hemos dicho, nuestra atención se ha disparado automáticamente, así que ahora tu capacidad de pararte delante de algo y mirarlo y observarlo durante un tiempo infinito, igual que hacen los niños, pasa a ser algo absolutamente normal para ti. ¿No crees?

Seguro que sí. Podrías estar horas mirando al mar y lo que ocurre en esas olas o sentarte en una terraza y ver pasar gente sin preocuparte de mucho más que observar el movimiento que generan o maravillarte durante horas con cualquier lugar nuevo que estás descubriendo en un viaje de aventura, sin tener sensación de que el tiempo se mueva ni un poquito.

Conexiones infinitas

Sí, puede que estés de vacaciones, pero tu cerebro hace conexiones que en tu ritmo diario no consigue hacer porque lo tienes muy ocupado pensando en tropecientas mil cosas más.

Ahora eres capaz, por ejemplo, de oler el salitre y pensar en ese pescado a la sal que comías de pequeña y tanto te gustaba y que acabas de decidir que vas a cocinar mañana o escuchas un ritmo que te conecta con tu parte más divertida y entras para bailar y disfrutar de la música y así una conexión tras otra, pero de esas que te aportan a ti, que son puro bienestar y reconexión contigo.

Nuevas sensaciones

Y, claro, en este modo en el que entras en esta época del año, eres más capaz de disfrutar y de descubrir cosas nuevas que te apetece ver, hacer, sentir o probar.

Aquí y ahora hay menos inconvenientes, menos barreras, todo parece más fácil así que coges esas sensaciones y te dedicas a disfrutarlas y saborearlas como si no fueras a volver a encontrarte con ellas nunca jamás.

¿Reconoces lo que ocurre en verano?

Lo que pasa es que te estás dando el tiempo y el permiso para estar contigo y disfrutar de ti y de los que te acompañan. Has eliminado de un plumazo esa sensación de culpa que se te suele activar cada dos por tres en tu vida no veraniega y también has censurado todas esas obligaciones con las que consigues barrer tu capacidad de descubrir y de crear, a partir de ahí, a partir de ti, lo que quiera que sea que fuera a surgir en ese tiempo tuyo.

El premio

Todo esto no te lo da el verano, este es el secreto. Todo esto te lo estás dando tú y podrías seguir haciéndolo si te lo propones. ¿Te atreves?

Si te has unido ya a esta comunidad imperfecta hoy habrás recibido una carta desde Hoi An con el juego de las pequeñas diversiones veraniegas para saludar a tu creatividad y empezar a mirar el mundo de manera diferente. Un juego de cuatro semanas que podrás seguir usando a la vuelta de tus vacaciones para “conectarte al verano”. Y si estás leyendo esto y aún no recibes mis cartas, apúntate justo debajo 😊

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